En La Villita, una despensa refleja la resiliencia de sus vecinos

José, Mario y Martín esperan pacientemente que se abran las puertas de Amor de Dios. (Fotos de Carolina Sánchez para el Banco de Alimentos de Chicago)

En la esquina de la South Sawyer Avenue y West 24th Street en La Villita, un mural de mosaico de vidrio vibrante con una mujer que ofrece frutas y verduras sirve como una serena invitación a la despensa de alimentos Amor de Dios.

La despensa, un socio desde hace mucho tiempo del Banco de Alimentos de Chicago (Greater Chicago Food Depository) se encuentra a pocos pasos de donde un niño de 13 años llamado Adam Toledo fue asesinado por la policía en marzo, una tragedia local que rápidamente se convirtió en noticia nacional. El pastor Ramiro Rodríguez y los voluntarios de Amor de Dios han seguido firmemente sirviendo a la comunidad durante un tiempo de dolor y luto.

Rodríguez mantiene la esperanza de un cambio positivo.

Pastor Ramiro Rodriguez

Pastor Ramiro Rodriguez

“¡Los jóvenes se han reunido – muchos, es increíble!”, él dijo.

A lo largo de la pandemia, Amor de Dios ha seguido abriendo las puertas de su despensa todos los jueves por la tarde para cientos de miembros de la comunidad que necesitan comida. Al principio de la crisis, la despensa atendía a casi 300 personas cada semana. Un año después, continúan sirviendo una necesidad mayor en comparación con antes de la pandemia.

Rodríguez, de 58 años, ha pasado los últimos 15 años sirviendo a La Villita. En 2005, después de un divorcio, Rodríguez se acercó al pastor en ese momento y le preguntó si había un coro de la iglesia. Un hombre de muchas habilidades, también es electricista y plomero, Rodríguez también aparece en las imágenes en la pared cuando entras a la despensa, liderando la banda de la iglesia con instrumentos y canciones.

Desde su primera visita, Rodríguez ha estado en la iglesia todos los domingos y no ha faltado ni un día. En diciembre de 2007, abrió lo que ahora conocemos como la despensa de alimentos Amor de Dios.

“Estamos comprometidos a la comunidad”, dijo Rodríguez.

‘Hay mucha necesidad’

La Hermana Petra Baza, de 59 años, madre de tres, fue la inspiración para su familia para que fueran voluntarios en la despensa de Amor de Dios hace más de ocho años. Ahora es una voluntaria principal, lo que significa que ella está en la despensa varios días a la semana, trabajando muchas horas para prepararse para la distribución de alimentos. Apasionada por la justicia alimentaria, Baza incluso ha viajado a Washington, DC con el personal del banco de alimentos y defensores para presionar por legislación que ayude a las personas que padecen de hambre.

Cuando se le pregunta por qué sigue siendo voluntaria, responde “hay mucha necesidad”.

Hermana Petra y Cristal Castro

Hermana Petra y Cristal Castro

Cristal Castro, de 26 años, hija de Baza, también es voluntaria regularmente y dice que ha desarrollado una gran relación con muchas de las personas que reciben alimentos de la despensa. Muchos de ellos son familiares de ex compañeros de escuela, dijo.

Actualmente, Castro trabaja en el área de la salud mental administrando sesiones de terapia para personas que buscan apoyo. Cuando se le preguntó cómo maneja su propia salud mental después de días difíciles, miró a su madre y sonrió.

“Mi familia y mi novio me distraen”, dijo Castro. “Porque es importante tomarme ese tiempo para mí. Escuchar los problemas de todos a veces es mucho para asimilar, pero es una ocupación que realmente me apasiona”.

Dentro de la comunidad latina, la salud mental a menudo se considera un tabú y rara vez que se habla entre la familia, según Mental Health America. Muchos factores pueden contribuir a la falta de acceso al apoyo para la salud mental en la población latina / hispana. Esto puede ser las creencias religiosas, la falta de profesionales que hablan el español, y simplemente no es común hablas de ello. La madre y la hija se sintieron reconfortadas al saber que tienen apoyo en casa y en Amor de Dios para ayudarlas a sobrellevar algunos de sus días más difíciles.

Un sistema de apoyo que avanza juntos

Salvador Ibarra ha perseverado a través de sus propios desafíos personales para servir a los demás. Ibarra, de 55 años, comenzó a trabajar como voluntario en Amor de Dios hace casi tres meses después de enterarse de la importancia del servicio a través de un programa de Alcohólicos Anónimos.

Ibarra navego por un momento para encontrar las palabras adecuadas para describir lo que sentía por Amor de Dios.

Voluntarios en Amor de Dios

Voluntarios en Amor de Dios

“Es una cosa muy bonita hacer este servicio”, dijo Ibarra.

Ibarra ha construido un sistema de apoyo en Amor de Dios, en particular con el Pastor Rodríguez, quien lo ha presentado a esta comunidad de voluntarios. En ocasiones, también se ha beneficiado de la comida distribuida en la despensa, que ha compartido con otros.

Espera regresar a su labor de domicilio como pintor, y continuar como voluntario en Amor de Dios.

La importancia de los alimentos nutritivos

Mucha gente que visita Amor de Dios busca frutas y verduras frescas. Los residentes de La Villita son la mayoría mexicoamericanos, y generalmente se considera que los latinos tienen un alto riesgo de enfermedades cardíacas, obesidad y diabetes, entre otras enfermedades. En los Estados Unidos, un hispano o latino tiene la probabilidad casi 2.5 veces más alta de tener diabetes ha comparado a las personas de raza blanca no hispana, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

Cecilia Avalos, de 60 años, que tiene artritis y ha sido diabética durante más de 30 años, busca frutas y verduras frescas para su salud. Avalos también mantiene a su hijo e hija, los cuales están en la universidad y no han estado trabajando durante la pandemia. El invierno es la temporada más difícil porque el dolor de su artritis le impide caminar hasta la despensa.

Cecilia Avalos seleccionando frutas y vegetales.

Cecilia Avalos seleccionando frutas y vegetales.

Como a muchas otras personas, la pandemia ha causado mucho estrés en Avalos. Se ha limitado a ver pocas noticias y trata de no estar alrededor de muchas personas.

Pero sigue poniendo a Dios en primer lugar, ella dijo.

“Lo que comemos es lo de la despensa y un poquito que me dan de estampillas, SNAP. Eso me ayuda a complementar lo adicional que necesite y para pagar la renta”, dijo Avalos.

De vez en cuando, Amor de Dios recibe donaciones de alimentos de los supermercados y restaurantes locales. Mucha gente de la comunidad sabe que si ven al Pastor Rodríguez con un camión de comida afuera, lo va a compartir directamente con la comunidad.

Amor de Dios es más que una despensa de alimentos. Es una fuente de esperanza para una comunidad llena de amor que continúa recuperándose de la reciente tragedia. Representa la resiliencia de La Villita.

Originally published by Greater Chicago Food Depository: Source

Share
Scroll to Top